Rolando Hanglin y Mario Mactas – El Gato y el Zorro


Mactas y Hanglin“Un espacio de pensamiento o algo así”.

Como un páramo en medio de la selva informativa, Rolando Hanglin y Mario Mactas presentan así una de las tiras más desopilantes de la radio en Argentina: “El Gato y el Zorro”. Ambos coordinan pensamiento, ironía y lenguaje absurdo todos los mediodías en Continental y, en verdad, la fórmula les ha proporcionado un público cautivo considerable. Hanglin y Mactas se conocen desde hace casi 40 años. Antes de ingresar al Colegio juntos y en el mismo año –el Nacional Buenos Aires-, ya tenían una historia en común: Mactas tenía unos primos muy cerca de la casa de Hanglin, en Ramos Mejía, y sabían compartir juegos en la infancia: Somos muy amigos, inclusive desde antes de hacer la secundaria… pero la verdad es que no sé su número de teléfono de memoria. Para llamarlo tengo que mirar la agenda. Tampoco somos de invitarnos a comer y eso. Digamos que es una amistad que se da por descontada. Y creo que es la mejor, porque no te exige ponerla a prueba ni demostrar nada, ni coincidir, ni pensar igual, ni reírte de lo mismo. Es una amistad que está ahí… para tocarla”, dice Mactas al Ecos. La visión de su compañero de vida es similar. Sintonizan hasta para definir su vínculo. “Con Mactas –explica Hanglin- somos amigos desde hace muchos años. Pero se trata de una amistad distante, no íntima. Sin embargo, es una amistad consistente y duradera, a lo mejor por eso… porque no es muy íntima. No franeleamos, yo no sé de sus intimidades ni él de las mías. Así se dio esta relación… intelectual, de gustos y afinidades”.

¿Cómo se explica afectivamente éste singular vínculo?
(Mactas) La amistad, creo, funciona mejor cuanto menos cultivada está. Ocurre que nos conocemos por casualidad, siendo compañeros de colegio. Hay una especie de mito que marca que uno elige a sus amigos o mujeres. Suelen decir lo psicoanalistas ante las crisis “usted la eligió” y es ridículo, porque no había cinco mil minas en una fila y vos dijiste ‘quiero esta’. Son casualidades, misterios…

El devenir profesional y vivencial de Mactas, mucho antes de El Gato y El Zorro, estuvo signado por el exilio, el azar y la supervivencia. Luego de trabajar en Gente y Satiricón, estuvo 11 años fuera del país, exiliado. Pasó un breve tiempo en Colombia y después se radicó en la liberada España pos franquista. “Cuando estuve fuera del país pasé horas de enorme felicidad cuando tendrían que haber sido tiempos de amargura y al volver, me sentí exiliado y desolado. Me pasó exactamente lo contrario. Para mí, el exilio fue el regreso… no la ida. Fue lo que intenté explicar en una de mis novelas –se refiere a “Monólogos Rabiosos”-. No me hace feliz volver atrás”.

Antes del irse a España, sus quehaceres periodísticos habían sido Satiricón “con sus clausuras y sus cierres” –recuerda-. Y su trabajo, contrastante con aquel, para la Revista Gente. “Tuve la suerte de participar en dos publicaciones ciertamente antinómicas, pero completamente revolucionarias y necesarias para entender el periodismo en Argentina”. Mactas se define como periodista de profesión y escritor ocasional. Como parte de este oficio editó dos novelas “El Amante de la psicoanalista” y “Monólogos Rabiosos”. “Nunca me desveló el hecho de escribir una novela, que es el norte de todo periodista que arrastra toda la vida esa novela que quiere escribir y nunca escribe –manifiesta-. Nunca me importó porque el periodismo para mí es una rama del arte. Lo abordo casi como un acto artístico y en algunas ocasiones como herramienta para ganarme desesperadamente la vida. La novela es una manera de traducir el mundo por medio de un hecho sensible y particular del idioma. Yo no quiero ser un escritor, pero hay personas que quieren que lo sea”. A su regreso de España, comenzó a trabajar en Radio Continental y atravesó el milenio con El Gato y El Zorro. Hoy, además de la tira, conduce un programa diario llamado “El Toque”, entre la una y las dos de la tarde. Dice que es un programa de diseño. “Armé un programa de una hora que es como una puerta giratoria entre la mañana y las primeras horas de la tarde. La mañana viene muy informativa y yo opongo algo de juego, de relación cómplice con el oyente. Una pasada por el champú (sic), pero con elementos de la realidad incorporados como para no estar desatentos a la vida. Es un programa breve, sencillo, sin pretensiones”

Rolando “Lanny” Hanglin, por su parte, edificó casi toda su carrera en Argentina. Sus inclinaciones bolches primero y hippies después, tornearon una personalidad particular que, de vez en vez, deja deslizar en su actual profesión. Ese despertar sensitivo e intelectual prosiguió su curso y hoy se manifiesta en el “El Hippie habla de Sexo”, espectáculo que presentará el 7 de febrero en Pinamar. “Fue un año muy intenso –dice “Lanny” al Ecos. Hubo cambios de horario y títulos en el programa de radio. “Cartas y encuentros” –que va todas las noches por Continental- me lleva mucho tiempo, pero tiene mucho éxito. También nos está yendo muy bien con RH Positivo. Además, estamos haciendo giras por el interior todo el año… con “El Hippy Viejo Habla de Sexo”. Hemos trabajado como perros. Veraneamos en Buenos Aires, trabajando.”

Antes de comenzar su trabajo en radio, Hanglin fue periodista gráfico en Panorama, Satiricón, Siete Días y Goles. Tiene 56 años, tres hijos –un varón y dos nenas- y es profeso admirador del nudismo, las culturas orientales y el boxeo. Y, como dato color, adora Villa Gesell “Pasé toda mi infancia en la villa… puede decirse que soy gesellino. Adoro Villa Gesell y la memoria de Carlos Gesell, que para nosotros fue un gran hombre, digno de admiración.

¿Cómo definirían “El Gato y el Zorro”?
(Hanglin): Para mí es un ejercicio de improvisación, de diversión. Para los dos creo que es una terapia, porque volvemos al colegio secundario. Nos divertimos y la gente se divierte con nosotros. Creo que en la radio argentina no hay nada que se le parezca ni que se le pueda parecer.
(Mactas): El Gato y el Zorro es algo muy divertido de hacer. Muy regocijante, porque se trata de un ejercicio de improvisación pura que no admite ni siquiera pactar el tema unos minutos antes de salir al aire. Nunca sabemos de qué vamos a hablar.
¿Es todo improvisación?
(Mactas): No. En cierto punto van apareciendo disparadores que van indicando el camino a seguir, pero no se sabe cómo y para dónde. Este es un punto. El otro es el de ser conscientes de que se trata de un éxito enorme.
¿Qué explicación le da a la popularidad de la tira?
(Ambos): En principio la constancia. Esto lo venimos haciendo desde hace muchos años y es cierto que empezar a reírse con “El Gato y el Zorro” es como entrar en un club. Imagino que la persona que nos escucha por primera vez sin estar avisada no sé qué pensará ni que dirá. Pero con el tiempo se han ido incorporando muchos y entonces son muchos también los que están al tanto de las claves y los códigos que manejamos.
¿Cuáles son las claves?
(Mactas): Se trata de un irrisorio programa cultural, científico e intelectual; pero hecho por dos soberanos imbéciles, ignorantes, pero que en el fondo no lo son tantos. Te diría de dos impostores. Está hecho en partes iguales por el absurdo, el surrealismo, la canallada y la ironía.

Era martes 14 de enero. En verdad podría ser cualquier día… A las dos de la mañana, mientras casi toda la ciudad intenta dormir pese al calor, El Gato y el Zorro hacían su segunda aparición diaria. El diálogo es casi surrealista, Florencia, la chica inocente, completa el cuadro:

-“Está prendido el aparato para salir, están escuchando los otros?“. Habla Mario –dice Florencia, la chica, en voz bajita-.

Mactas:
Vamos a inaugurar un nuevo capítulo de éste ciclo cultural que conoció el triunfo tempranamente aquí en nuestra querida republiqueta argentina para luego extenderse por el mundo, ser declarado por la UNESCO en las Naciones Unidas patrimonio de la humanidad y triunfar de manera global. Eso es todo.

(Aplausos)

Hanglin:
“Flaco, le ponés la bombacha inmediatamente a esa chica…pero qué estás haciendo flaco. Estamos trabajando por la cultura, la ciencia y el pensamiento y vos con eso.
Mactas:
Vayan dejando un pequeño pasillo para las chicas que quieren ir al baño, que también tienen derecho. No se pueden tomar fotografías ni robar vidrios, ni rempujar a Florencia.
Mactas:
Se ruega que no hagan uso de sus cámaras con flash, porque nos enceguece, nos encandilan cuando estamos controlando nuestros apuntes.
Hanglin:
En efecto, apaguen los movicones. Si va a toser, hágalo después. Estamos entrando en el ámbito recoleto de la cultura y el saber. Lo hacemos con paso quedo, con tacto, discretamente.
Mactas:
Y con una cierta mirada amarga… la mirada del hombre culto, denominado estreñimiento cultural.
Hanglin:
La sequedad, la sequedad incluso de vientre. Por qué no. El adalid de la cultura no está en la alegría chabacana, en la risotada del ‘vamo a comer un asado’.
Mactas:
La cultura pertenece a otra seriedad. El genio, en términos generales, a menudo siente también el llamado natural que lo conduciría con solo caminar tres o cuatro pasos hacia el cuarto de retiro, hacia el lugar de la soledad. Y sin embargo posterga este perentorio llamado porque está escribiendo su obra maestra.
Hanglin:
Es que el hombre del pensamiento vive en un mundo de ideas, de conceptos abstractos. Entonces, podría decirse que todo aquello que es prosaico, físico, corporal nos es ajeno. Espiritualmente no comemos, y como no comemos tampoco aligeramos.
Mactas:
Que podría aligerarse si nada hay… apenas tomamos una galletita seca… de agua. El placer corporal no forma parte de nuestros apetitos.
Hanglin:
Y solo dejamos el trabajo de vez en cuando para un paseillo de cinco minutos por la calle o para tomar una ducha cada cuatro o cinco días.
Mactas:
Y luego volver a nuestras ocupaciones perentorias, es decir el destino del planeta. No hay mucho tiempo.
Hanglin:
Ahora, si ustedes quieren ocuparse de qué tal sale el osobuco o si el ómnibus llega ahora, perfecto… esa son actividades dignas, humanas, comprensibles.
Mactas:
Si quieren ir ustedes a la cocina a derribar la dureza de un grupo de milanesas a puñetazos, háganlo.
Hanglin:
O si usted, señora, se está ocupando de arrancarle despiadadamente los pelos a otra señora, hágase la depilación turca.
Mactas:
Cada uno haga lo suyo… nosotros estamos en lo nuestro, que no es pequeño.
Hanglin:
Una novedad para usted, Florencia: aún cuando no ha empezado el año lectivo sepa que lo repetirá. Podemos darlo por descontado. Es cierto que tiene un cierto mérito porque cursa como alumna regular, sí…
Mactas:
Y más que regular, de regular para abajo.
Hanglin:
Mientras otros señores prefieren rendir libre… no nos simpatiza esa costumbre. Preferimos el rigor de la presencia diaria al curso regular. Todos tendrá cero… eso ya está, es un hecho consumado.
Mactas:
Empiezan con cero. La base es cero.
Hanglin:
Pero si se esfuerzan y nos disertan una hora y media sobre la estructura del cristal tal vez podamos pasar de cero a uno.

(Florencia: Ay… profesor)

Mactas:
Más no pretendan de esta cátedra. Los que pretenden dar libres se encuentran con una cátedra un poquitín exigente.
Hanglin:
Este año deberá concurrir usted, señorita Florencia, con la pollerita un poquito más larga.
Mactas:
Sí, porque esto no es un night club. Por lo visto usted está embarcada y hasta embriagada por estas modas modernas ¿no?..Seguramente sale con algún petitero. Alguno que luce su moderno cardigan con dos tajitos, tres botones y su pantalón bombilla. No me extrañaría que algún jovencito rebelde con sus sacos de largas solapas le estuviera a usted haciendo un largo cortejo.
Hanglin:
Es que nosotros le remarcamos esto para que usted no ignore los bueyes con que ara.

(Aplausos).

Mactas:
Podría esto entenderse en un sentido lato, imaginando al jugador polaco. Un piamontés que utilizando aún fornidos y mansos bueyes para trabajar tierras generalmente árida y yerma, prefiere recurrir a las mismas bestias para evitar que le den una patada con enormes disgustos, contracciones y aclucliyamientos.
Hanglin:
Pobre hombre que culpa tiene.
Mactas:
Elige entonces unos bueyes que ya conoce.
Hanglin:
Es decir aplicar lo que la experiencia aporta tanto en el terreno de la cultura como a cualquier otra boludes que se les pueda en este momento ocurrir.
Mactas:
Vamo’ a comer un lechón…

Aplausos y corte

Notas relacionadas:

  1. Rolando Hanglin

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2 Comentarios

  • Raúl Omar Farés Molteni

    Yo he sido un prodigo alumno del Gato y El zorro y solo un CD he podido consegir. Espero ser escuchado y que mi reclamo llege a manos de un persona responsable,espero un respuesta. Estoy dispuesto a pagar ( no una locura tampoco) pero deseo esas grabaciones. Un abrazo y gracias.-

    • facufatta

      hola.
      yo tambien me declaro fan y alumno de la escuela del Gato y el Zorro.
      No sé si verás mi comentario Raúl, pero en caso de que así sea, te cuento que yo también estoy buscando material del Gato y el Zorro.
      Tengo algunos cuantos capítulos gravados que te podrías pasar; y también te pediría si podrías pasarme los que tenes en ese CD (que suerte que lo hayas conseguido!!).

      la verdad que desde que dejó continental, se extraña el programa!!

      mi correo: facufatta arroba yahoo.com.ar

      lo pongo asi por si bloquea el “arroba”.

      Saludos,
      facundo

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